viernes, julio 25

Al horno con papas

La verdad que, le haya salido mal o no, en mi vida lo vi a Gisborne tan contento. Parecía que era Navidad y que le habían regalado una Wii.

Me ataron las extremidades, me pusieron una capucha tapándome la cabeza, me patearon un rato y me terminaron tirando en una mazmorra en lo de Gisborne, soltando una risa malvada cuando cerraron la puerta con llave. ¿Vieron que los malos cuando te encierran se empiezan a reír malévolamente? Es un hábito que tienen.

Estaba todo oscuro y la celda tenía un olor a mierda terrible. Hacía frío.

Seguramente iban a anunciar mi captura y al día siguiente me colgarían adelante de todo Sherwood, para demostrar que supuestamente con el rey Juan no se jode.

Ya está, pensé. Hasta acá llegamos.

Mariana. Fue lo primero que me vino a la mente. En la nebulosa quedaron los Alegres y la misión; yo sólo añoré, por unos instantes, los dorados cabellos de mi amada, y el calor de sus manos. Lo único que puede salvarme, pensé, es el amor de Mariana.

Y en esas cosas mi mente cavilaba, tendido yo en el piso frío de piedra, ciego por las vendas que cubrían mis ojos; cuando escuché una tos casi imperceptible.

jueves, julio 24

Una decisión jodida

Fue entonces cuando de la nada empezaron a salir soldados del Sheriff, por todas partes.

Pero bocha. Se ve que estaban de oferta ese día. Nunca ví tantos monos juntos en mi vida. Y de la nada también apareció Gisborne, que apareció a los pedos con su caballo, a lo San Martín, y me dice:

-¡Robin de Locksley, quedas arrestado por la autoridad que se me ha conferido por mis títulos nobiliarios y en nombre del rey Juan!

Odio cuando se manda la parte de esa manera.

-¡Andá a cagar! -le respondí yo haciendo honor a mi educación elite.

Los Alegres que estaban en tierra y yo entramos a correr pero los otros estaban a caballo y era obvio que nos iban a hacer imposible rajar. Así que hice algo impulsivo.

-¡Corran muchachos! -exclamé.

Y me tiré sobre el caballo de Gisborne, que venía a todo galope hacia mí.

-¡Estás loco, Locksley! -me gritó Gisborne, frenando su corcel en seco.

-¡Sos un gil, Gisborne! -le contesté, siguiendo la rima.

Los Alegres pudieron escapar. Me miraron raro, pero entendieron la intención. No los siguieron porque ya me tenían a mí. No podía arriesgarme a que descubrieran la localización de nuestro campamento. Fue un sacrificio válido.

Pero qué feo que es cuando te atrapan.

miércoles, julio 23

Asalto frustrado

Era de mañana temprano el asalto al carrito blindado. Tuve que levantarlos bastante temprano a los Alegres, lo cual muy bien no les cayó, pero cuando es para chorear no tienen tanto drama.

Esperamos en el sendero lindante al bosque como dos horas. A algunos los mandé arriba de los árboles para que flechearan desde ahí, si hiciera falta, y abajo estábamos Juan Peque y yo disfrazados. Íbamos a hacer el número ladronístico que mejor nos salía: el cuento del millonario herido.

Cuando vimos que se acercaba el carro, Juan Peque se tiró al costado del camino y le tiré un poco de tuco encima (habíamos cenado tallarines la noche anterior, lo cual nos vino al pelo), como para que fuera más convincente. Tenía puesto un traje lujoso de terciopelo y botones dorados, que le habíamos afanado una vez a un empresario. Bien de rico, el traje, por no decir que también era bien de puto (terciopelo, dale!), pero mejor no mencionar la palabra puto adelante de Juan Peque porque se pone loco y te pega una trompada. Está medio rayado con ese tema.

Yo, por mi parte, engalanaba mi esbelta figura con un traje propio de la servidumbre señorial. Un mucamo cualquiera, o sea.

Pasa el carro y yo grito:

-¡Señores, señores! ¡Mi amo está herido! ¡Deténganse por favor!

El carro para y se asoma uno de los gorilas.

-¿Qué pasha, pebe? -me dice el grandote, que tenía toda la pinta de ser cruza de Mike Tyson con un tiranosaurio rex.

-Pasó Robin Hood con sus chorros y nos sacaron todo; los caballos, la guita, ¡y a mi amo lo apuñalaron!

-Noo, pebe, qué cagada -me contesta Tyson.

Mete la cabeza adentro del carro y escucho que dice un "Noveshientoshonce, Hernán". Se asoma de vuelta.

-¿De qué esh dueño tu patrón, pebe?

-De la fábrica de chocolates "El plebeyo exquisito".

-Bueno, shubilo que lo shevamosh al cashtisho -dijo el Tyson, convencidísimo que éramos gente elite.

Cuando abrieron la puerta, y yo fingía ayudar a Juan Peque a subir al carro, saltaron los Alegres de entre los arbustos y se abalanzaron sobre el vehículo. Yo saqué mi espada (obvio que tengo espada, si soy un héroe medieval) y corté las riendas de los caballos para que no pudieran rajar. Salieron los patovas con las manos en alto, y yo miré adentro para poder verle la cara de sorpresa a Ezungar Cah.

Y no estaba. Lo único que había en ese carro eran un par de botellas de vino abiertas y lo que parecían los restos de unos sánguches de jamón y queso.

En ese preciso momento, por sobre los gritos de alegría de mis Alegres, supe que habíamos caído en una trampa muy, pero muy obvia. Y que estábamos al horno con fritas.

martes, julio 22

Casi un Robin menos

No, no, boludo. Lo que fue eso.

Hace una semana que nos escribo en este diario, pero las razones no fueron que Mariana por fin entregase (puf!), ni la festichola prometida para el día del amigo.

Casi no la cuento, eh.

Por primera vez en mi vida, me salió mal un choreo.

Cuestión. Resulta que el miércoles pasado fue la colecta semestral tributaria de todo el reino, y un carrito blindado desfiló pueblo por pueblo llevándose la platita de los pobres campesinos que ya no tienen ni donde caerse muertos. Una bronca terrible. Obviamente que Robin Hood y los Alegres se iban a meter. Supongo que fuimos bastante predecibles ahí.

Hay un tipo que es más hijo de puta que Juan sin Tierra, el Sheriff, Gisborne y Hitler juntos. Dicen que vive en una cueva y que desayuna nenes. Dicen que es tan malo, pero tan malo, que juega al truco con el Diablo y le gana, y encima después lo gasta tan feo que el Diablo se pone a llorar. Dicen que es de Racing. Dicen que cuando pisa una iglesia se le empiezan a quemar los pies.

Se llama Ezungar Cah, y es el recaudador de impuestos del reino. Pero como tiene un nombre muy raro, le suelen decir Garca, a secas.

Cuenta la leyenda que al Garca lo criaron en el Polo Norte y por eso tiene tan frío el corazón. Dicen también que lo tenía amenazado a Papá Noel, pero eso ya es más largo de contar, otro día escribo sobre eso.

Volviendo al tema; Ezungar, haciendo honor a su apodo, iba a estar a bordo del carrito blindado, con diez patovas custodiándolo, e iba a volver con la platita a lo de Juan sin Tierra, para que el susodicho continue gastando en boludeces. No, señor, no puede no meterse Robin Hood ahí.

El castillo del rey está a más o menos veinte kilómetros de acá, por eso el carrito sí o sí, yendo para arriba en el mapa, tenía que bordear el bosque de Sherwood. Servido en bandeja.

Tendría que haberme dado cuenta que lo estaban haciendo a propósito.

martes, julio 15

Pucherito

Ayer tuve la tan esperada charla con Mariana.

A las mujeres, cuando les vas a hablar de un tema delicado, primero tenés que ablandarlas. Le regalás una florcita, le tirás un par de piropos, te quiero cosita, bla bla bla, muchi muchi cuchi cuchi, no me dejes nunca, abracito.

Y ahí las tenés a punto manteca, re románticas y amorosas, cosa que cualquier boludez que le digas que pueda caerle mal le agregás un "pero yo te amo" y listo, no pasa nada.

Por ejemplo:

-Mariana, ¿cuando vas a entregar?
-¡Ay, Robin!
-Dale, no seas histérica, me tenés las bolas llenas... pero yo te amo.

Ahí se reduce todo el impacto, y además le producís como un poco de culpita.

Ya sé, ya sé lo que están pensando. Robin sos un chorro calentón, cómo la vas a presionar así, pobrecita, si no quiere entregar dejala tranquila, bla bla bla. Pero dale, dejate de joder, ni que fuera virgen. Además estamos en pleno siglo XII, que no sea retrógrada.

Está bien; somos ingleses, es normal que seamos medio asexuados y conservadores, comparados con los escoceses, que están todo el día en pollera y gritando "libertad", pero somos seres humanos y tenemos necesidades.

Ademas yo de verdad tengo sentimientos muy fuertes por Mariana, no como ese Gisborne que lo único que quiere es la guita y derecho para enhebrar la aguja. Mariana es la mujer de mi vida, es la única para mí, y preferiría que me maten a que le pase algo malo. Ay, qué mariconazo que me puse.

-Daaaaaaleeeee por favooooooor.
-Basta, Robin, dejame tranquila.
-Pero daaaaaaaaleeeeeeeeeee.
-Es que no tengo ganas hoy, en serio.
-Pero no tenés ganas nuncaaaaa.
-Es que el bosque me pone nerviosa, está toda la banda, va a ser medio obvio.
-Pero de noche roncan como troncos y ni se van a avivar, daaaaaleee.
-Basta, Robin, no me presiones.
-¡Pero soy un héroe medieval, merezco una alegría de vez en cuando, che!
-¡Y yo soy una doncella, se supone que me tenés que cuidar y cumplir mis deseos!
-Si vos sos una doncella, yo soy Batman, Mariana, dejate de joder, bien que antes de que empezara este quilombo del rey Ricardo y nos veíamos todos los días, estabas hecha una geisha, ahora te agarró la loca.
-Es que ni da hacerlo acá, Robin, están todos tus amigos.

Y así, y así y así. Tuve que recurrir a la lástima de vuelta.

-Pero no me hagas esto, yo te amo, DAAAAAALE.
-Te prometo que cuando esté todo más tranquilo y esté un poco más cómoda en el campamento se va a dar la oportunidad. Pero porfa, basta.

Y me hizo pucherito.

Mierda, sabe que el pucherito me mata.

Entonces le dí un beso, y le dije que se quedara tranquila, que yo la iba a esperar. Que íbamos a estar juntos toda la vida y que un tiempo sin "acción" no era nada comparado con el amor que yo le tenía.

Y me fuí a seguir tallando flechas. Si seguimos así voy a dejar el bosque sin árboles.

lunes, julio 14

La mamúa del Padre Tuc

Los domingos siempre son un día medio raro para la banda, porque el Padre Tuc se pone religiosamente más en pedo que nunca.

Se sabe que el cura en pedo no es un clavo porque dentro de todo tiene el hígado acostumbrado de tanto bombardeo damajuanesco. El tema es que todos sabemos la razón de las penas alcohólicas del pobre gordo, y la verdad que no son para nada felices.

Por lo que estoy enterado (porque seré chorro, pero no adivino) a Tuc lo rajaron de su iglesia por un bardo que tuvo con uno de los grosos de ahí. Siempre fue un tipo más bueno que las tostadas con queso finlandia; y se ve que cuando vio cuál era la verdadera distribución de las donaciones de la iglesia armó quilombo, porque la onda era ayudar a los pobres, no que los cardenales cenaran salmón a la luz de las velas. Cuestión que lo rajaron por honesto y quedó re mal después de eso pobre, se ve que además le hicieron algo a la familia para que se callara la boca, pero no nos contó mucho de qué onda con eso. Se pone triste y chupa el doble si tocamos el tema.

Por eso los domingos son el peor día en su frecuencia alcohólica; se acuerda de que se supone que tendría que estar dando misa, y se pone re sentimental. Mejor no hablarle los domingos al Padre. La semana pasada no sé qué comentario le tiró el Negro Migue que Tuc sacó un frasco de agua bendita y se lo tiró en la cara, porque según él el negro está poseído. Y le explicamos que no es que estaba poseído, es que estaba bailando regg-ae-toun (una danza de su tierra natal) y que para eso tiene que mover mucho el culo, pero el Padre estaba tan en pedo que no hubo forma de que entendiera. Por suerte después se quedó dormido y no rompió más las bolas.

Igual, con todos sus bardos y su pedo permanente, es un divino el gordo. Yo lo re banco. Aunque no está ejerciendo su profesión ni nada, entre los Alegres es al primero que le van a contar todo cuando se mandan alguna cagada, los muchachos, y siempre sabe dar consejos bárbaros. Por ejemplo, el otro día yo andaba como medio emocionado por la presencia de Mariana (de eso te cuento la próxima) y estaba un poco ansioso, de la manera que sólo un hombre puede estar ansioso. Y yo soy el líder de la banda, no puedo andar distrayéndome. Entonces fuí y le dije al padre:

- Padre, no sé qué hacer, esta Mariana me tiene con la perdiz enloquecida y todavía no le pude tocar un pelo. ¿Qué mierda hago?

Entonces el Padre puso cara de gordo sabio y me contestó.

- Cada vez que le tengas ganas a la rubia, tallarás una flecha. Así contarás las veces que te sales de control.

Decí que si Cupido necesitara proveedores yo ahora sería su fabricante número uno, porque la rubia esta mucho ruido pero pocas nueces. Igual de eso te cuento mañana, porque ahora justo me iba a sentar a hablar con ella del tema. A ver qué onda.

sábado, julio 12

Un re rescate

El bardo era el siguiente. El tío de Mariana, el rengo Huguito (Sir Hugo para los entendidos) es fanático de las milanesas.

Las milanesas son un plato milenario que se hacen con pan rallado, aceite, carne cortada finito, y mucho amor. Dicen que las inventaron los romanos, o más bien que se las mandó Zeus en un ataque de simpatía que le agarró. Es un misterio.

Cuestión que acá no cualquiera sabe hacer milanesas (seremos ingleses pero no somos perfectos); es un arte que se transmite de maestro a pupilo de generación en generación. Entonces, como es lógico, porque acá a todo el mundo le da paja hasta amasar el pan para no morirse de hambre, solamente hay un maestro milanesero en todo el reino.

Por eso, todos los viernes a la mañana, el maestro milanesero va a la mansión de Huguito y le prepara un kilo de milanesas, como para que le duren toda la semana, y Huguito le paga 100 monedas de oro. Un curro bárbaro.

Entonces, como es obvio, secuestramos al maestro por un par de horas y Alan se hizo pasar por él, lo cual no fue difícil porque el piola del maestro siempre anda con una capucha misteriosa, para que no lo reconozcan en la calle y le rompan las bolas para que cocine.

Mientras Alan hacía como que cocinaba (al maestro milanesero no lo molesta nadie mientras ejecuta su arte) nosotros nos pudimos colar por la cocina, bajamos a un par de guardias, nos robamos un par de cosas (obvio) y mientras los muchachos hacían campana, yo subí a donde se supone que estaba la habitación de Mariana.

Tenía que tener mucho cuidado porque por esas horas se supone que Sir Hugo roncaba de lo lindo; y si lo llegaba a despertar se me armaba la podrida. Caminé de puntitas de pie (tuve un breve pasado de bailarín clásico, cuando era pibe) y logré llegar a los aposentos de mi amada.

Cuando ví a Mariana, después de tanto tiempo, y sin decir nada nos abrazamos largamente, revivieron en mí muchas cosas que habían estado muertas, y no hablo solo de mis sentimientos, sino de otras cosas. Puede que tuviera mucho que ver el hecho de que Mariana estaba medio en bolas, se ve que salía de darse un baño. Pucha, qué dura. Qué dura es la vida en el bosque.

En voz baja le conté cuál era el plan y nos deslizamos por la ventana usando sábanas atadas, como se hace en todas las historias de aventura (nunca se nos ocurre llevar sogas, es como algo que nos falla). Cuando llegamos abajo y corrimos lejos, toqué mi cuerno (ves, yo no dije nada y ya pensás cualquier cosa; después me dicen que el arruinado soy yo), que era la señal para que los Alegres abortaran la pantomima y rajaran, que es lo mejor que nos sale hacer en equipo.

Montamos en nuestros corceles (somos algo así como motochorros), y salimos cagando hacia el bosque.

Podría jurar que cuando nos estábamos alejando pude escuchar el bramido de Sir Hugo:
- ¡MI SOBRINA! ¡¡¡MIS MILANESAS!!!

Pero todo había salido bien y ya tenía a la rubia al lado mío que se agarraba fuerte para no caerse.